19 de febrero de 2007

La dignidad que derrotó al apartheid (II)


En esta segunda parte del reportaje publicado en el suplemento dominical Magazine, Nadine Gordimer visita el Tribunal Constitucional, antiguo centro de reclusión y tortura, donde Nelson Mandela pasó parte de sus 27 años de cautiverio, hoy transformado en la máxima institución legal:


Al día siguiente, emprenderemos con Gordimer una excursión al corazón del horror del apartheid. Vamos al Tribunal Constitucional –nos cuenta en el coche-, inaugurado en el 2004. Era un antiguo fuerte militar de la república de los bóers que fue transformado en prisión. Fue centro de reclusión, tortura y asesinatos durante el régimen racista. Nelson Mandela sufrió allí parte de sus 27 años de cautiverio. Muchos países lo hubieran derruido. Pero nosotros decidimos transformarlo en nuestra máxima institución legal, la consagrada a defender nuestra Constitución.

La justicia en África era impartida alrededor de un árbol por parte de los viejos de la tribu. Por eso el símbolo del tribunal es un árbol, y todo el edificio –sobre todo, donde se celebran los juicios –está recubierto de madera, para que la gente entienda que aquí se administra justicia, unimos la tradición antigua con las leyes actuales.

Aunque se ha erigido una nueva edificación moderna, se conserva intacta gran parte de la prisión. Su aspecto, el mismo que el de un campo de concentración nazi, con sus garitas de vigilancia, muros de fusilamiento, celdas de castigo y carteles con relatos de atrocidades aquí irreproducibles, pero que Gordimer va desgranando en una letanía sobrecogedora: En este muro los mataban, disparándoles, ¿ven los agujeros de los impactos de bala? Un poco más allá, los ponían a todos desnudos y los regaban con una manguera; aquí les arrancaban las uñas... Trataban mejor a los caballos. Centenares de miles de personas vivieron tras estos muros y alambradas lo peor del ser humano. Junto a eso, contrasta la parte nueva: una galería de arte, una biblioteca, colores vivos, e incluso salas de espera que parecen salidas de un guateque pop de los años sesenta... ¿Por qué tendríamos que haber hecho unos tribunales tan aburridos como los europeos?, se pregunta Gordimer, en un fugaz momento de ilusión, antes de entrar en el pabellón de mujeres, donde solía visitar a una de sus mejores amigas.

La dignidad que derrotó al apartheid (I)

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